Cauce y mirada ‘In Vespa’

Es probable que Nanni Moretti pase a la historia del cine por su locuacidad. Muchas de las notas de su querido diario se han convertido en eslóganes que sirven tanto para afinar como para cuestionar el simulacro siempre esquivo del yo contemporáneo, Carodiario_Def1sobreexpuesto en esa primera persona parlanchina y ubérrima que lo compara de forma recurrente con Woody Allen.

Valga un ejemplo, la famosa parrafada sobre las mayorías y las minorías que le larga al principio de su película más conocida a un conductor con el que coincide en un semáforo:

“Sai cosa stavo pensando? Io stavo pensando una cosa molto triste: cioè che io, anche in una società più decente di questa, mi troverò sempre con una minoranza di persone. Ma non nel senso di quei film dove c’è un uomo e una donna che si odiano, si sbranano su un’isola deserta perché il regista non crede nelle persone. Io credo nelle persone, però non credo nella maggioranza delle persone: mi sa che mi troverò sempre a mio agio e d’accordo con una minoranza.”*

Sin embargo, para mí lo que más significa en Caro Diario no son las palabras, sino algo que tiene que ver con el rastro que dejan. Creo que lo que hace de ella —y muy en especial de su primer episodio— una película memorable es precisamente el cauce que las palabras apenas abren, retirándose luego, para invitarnos a mirar.

Escribió José Val del Omar (ya tardaba en salir Val del Omar en un blog sobre cine y poesía): “el hombre, los hombres / las mujeres son mirada”. Y si algo propone esa primera parte de Caro Diario, más allá de la autobiografía y la sonrisa, es la mirada compartida, la mirada del otro asumida como propia, encauzada hasta la disolución en un sujeto cómplice, común, anónimo.

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