La bárbara poesía

En El arco y la lira, Octavio Paz lo expone con claridad: “El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre”. Él se refiere ahí a la palabra escrita o dicha, pero la poesía escapa también de lo verbal. Tenemos pruebas a diario.

¿Qué hay de poesía en el cine? y ¿qué es la poesía del cine? Muchos han intentado responder a esas preguntas desde la teoría, la práctica o las dos cosas. Es muy conocida, por ejemplo, la fervorosa defensa pasoliniana de un “cine de poesía”, en oposición a un “cine de prosa” encorsetado en los moldes de la convención narrativa. Y es muy conocida la réplica de Eric Rohmer en aquella polémica, defendiendo un cine “narrativo” donde la poesía “está presente, pero no buscada de antemano”.

Fotograma de 'Mamma Roma' (Pier Paolo Pasolini, 1962)

Creo que, a su manera, los dos tenían razón. Y que el cine anterior, coetáneo y posterior se ha encargado de demostrarlo de sobra. Los “elementos irracionales, oníricos, elementales y bárbaros” que Pasolini identificaba y reclamaba para la lengua de poesía del cine no han podido ser nunca completamente sometidos por la retórica de la ficción narrativa. Me gusta pensar que en toda película (y en todo acto de ver una película) existe esa esencia irracional, onírica, bárbara, indomable.

Quizá aquel 28 de diciembre de 1895 en el que unos cuantos curiosos pagaron un franco por disfrutar en primicia del invento de los Lumiére todavía ninguno se atrevió a plantearlo. O sí, quién sabe. Lo que sí sabemos es que muy pronto se empezó a hablar de la poesía en el cine, de la poesía del cine. Lo hicieron Jean Epstein y Alfonso Reyes, por ejemplo, al reconocer en el nuevo medio algo más allá de la mímesis y de la trama, heredadas de la novela y el teatro. Algo más allá que tiene que ver con el símbolo y con el ritmo, con la poesía. Y las vanguardias se encargaron luego de proclamarlo sin complejos, dejando definitivamente preñados de poesía a los realismos viejos y a los nuevos, a la fiera provocación del surrealismo y a todas sus variantes sucesivas.

La poesía siempre fue carne de celuloide al plasmar algunos tópicos semánticos: lo delirante, lo mágico, lo bucólico… Pero la virtud del cine para “simbolizar poéticamente” desborda la representación concreta de una circunstancia en sus argumentos. El cine es, ya se sabe, un arte hecho trizas que el espectador recompone. Su fragmentaria instantaneidad es una invitación continua a ejercer la maravillosa capacidad humana del pensamiento simbólico.

Fotograma de 'La infancia de Ivan' (Andrei Tarkovsky, 1962)

Y es el ritmo el que determina que esa invitación sea amable o coercitiva. Por encima o por debajo del montaje, en la implosión o la explosión de cada plano, el ritmo cementa la contigüidad de los fragmentos y modula la poesía del cine. “Esculpir en el tiempo” es el oficio de los cineastas. O al menos eso escribió Tarkovski, quien por cierto también defendía para el cine (y para el arte en general) “la lógica de lo poético”.

En este punto, la poesía no puede ser tampoco en el cine una forma (un formato o una fórmula), sino una determinada manera de mirar y de invitar a mirar. Y más que empeñarse en distinguir poemas cinematográficos, quizá tiene más sentido ir al encuentro de la poesía, de la sencilla y humanísima poesía, de la bárbara poesía, en las impresiones o los destellos que nos dejan muchas imágenes, muchas secuencias y muchas películas.

Eso nos proponemos desde este blog.

2 pensamientos en “La bárbara poesía

  1. Gran artículo, Juan Antonio.

    La verdad es que uno no sabe si posicionarse más hacia Passolini o hacia Rohmer, pero estoy absolutamente de acuerdo en que es la lógica poética y simbólica que podemos crear a través del montaje y de la composición y de la imagen la que contiene una verdadera poesía, en un formato intangible y, por suerte o por desgracia, tan relativo como cualquier otra cosa.

    La poesía seguirá estando, al fin y al cabo, en los sentidos del que mira, más que en la flor que nace.

  2. Buen articulo Juan.
    Cuando vi por primera vez “Amanecer” de Murnau, salí del cine con la sensación de haber leído un libro de poemas. Desde entonces, muchas películas me han golpeado la retina con el martillo poético.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>